jueves, 2 de julio de 2009


Malditos sean los segundos que a la vuelta de su esquina deparan un ramo de besos prohibidos. Malditos aquellos que se detienen a esperar que esa esquina les doble a ellos.

¿Quién dijo que la vida era sueño? precisamente la más asombrosa cualidad de los sueños es su aleatoriedad, el dormirte pensando o soñando soñar sueños insoñables. Todo lo contrario de la vida, que es una partida con las cartas levantadas, desconoces que te sucederá en la siguiente partida, pero conoces perféctamente todo el inventario de jugadas sólo tienes que saber elegir la apropiada en cada momento.

Estas reglas del juego las hemos impuesto nosotros, y por eso estamos cómo estamos, llenos de pensamientos pero vacíos de sentimientos, vacíos de instinto, curados de nudos en el estómago.

Apostar sobre seguro no es vivir, es simular, ya no se apuesta a caballo perdedor porque la película que interpretamos eliminó ese tipo de escenas por falta de sensibilidad del espectador. Y es que el arte de vivir huele a todo menos a improvisación, menos a arte.

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