sábado, 30 de mayo de 2009


Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj


Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.


Julio Cortázar, Historias de cronopios y famas


Os dejo el link de la página de la que ha sido extraído el fragmento

viernes, 22 de mayo de 2009


Sin saber cuándo ni de qué modo, me he quedado sólo bajo la lluvia cantándole a la tristeza, haciendo gárgaras con las penas, pataleando en los charcos de desconsuelo, buscando debajo de los coches algún resquicio de esperanza, echándole en cara a la vida que jámas me dedicó una de sus seductoras sonrisas, esas muecas con las que todos sentimos una incontrolable erección.
Me tambaleo entre la desdicha y la locura, artista del alambre, funambulista en la cuerda de la incoherencia, títere del escapismo, ¿ de qué sirve llorar ?. Fúnebre es el destino inminente que me depara, es posible que mañana luzca el sol su vestido primaveral, es muy probable que los delirantes bailen mañana en una calle cualquiera, pero yo ardo en un círculo de fuego, en un espacio Hausdorff donde no tengo contacto con ninguna de las personas cercanas.
Harto ya de subirme a la copa de los árboles a respirar las oraciones que más tarde plasmo en un papel, he decidido darle a la novela de mi vida un final lírico, bajar el telón cuando la luna llena brilla en todas las ventanas de esos apartamentos dónde se hace el amor de una forma implacable, me subiré a la farola más alta para hallar la luz en mí, para observar cómo duerme una ciudad muerta, cómo la lluvia cae sobre esos edificios lapidarios dónde sepultamos nuestras vidas, y saltaré hacia arriba para tocar los cielos y descender inmediatamente a los infiernos, el légamo que me espera abajo no está tan intoxicado cómo el que llevo en los bolsillos del recuerdo.

viernes, 15 de mayo de 2009


Éramos líricos y blancos, dos almas esbeltas en una primavera de papel -recuerda- y ahora la vida nos ha reunido, abrasados ya de días, sazonados de muerte. Éramos aquellos que acrecentaban la luz, y un día, uno de esos días que transcurren en la sombra, la vida nos reunió. Qué encontronazo de almas, qué manera de consumar, tardíamente, aquello sólo iniciado. El tiempo te había madurado para mí. Mil mujeres que eras o que habías sido se interponían entre tu y yo, pero las íbamos asesinado con disparos de alcohol y cuchillos de voz, hasta que volvíamos al tiempo recobrado.


Francisco Umbral

Mortal y rosa

domingo, 10 de mayo de 2009


Una, dos, tres, tres eran las lágrimas que se derramaban por su mejilla, tres eran los sueños que se desvanecían por el vacío de su cuerpo, tres serán las cicatrices que se trasparentarán a través de su pecho. Yo la vi llorar, puedo dar testimonio de ello, lloraba , sus ojos se ensombrecían, mientras el rimmel naufragaba en una de esas tres lágrimas. Ella que tanto tiempo había estado preparándose para besar sus labios, había pintado cuidadosamente su rostro para mostrarse ante él como un reflejo de Jean Hebuterne y que el pincel de sus besos perfilase toda su figura, hasta hacer de ella una obra inmortal, una obra que desprendiese sudor y lascivia en cada pincelada, lo que no sabía es que Amadeo nunca llegaría, nunca saldaría los besos pendientes y es que el amor no se paga a plazos, ni acepta cheques firmados con la tinta del olvido, porque amar no es una represalía ni un corolario, sino un fin en sí mismo. Y por eso lloraba con el movil en las manos, porque yo la vi llorar, no es que buscase una protagonista para esta historia, ella lloraba porque todo había terminado , porque en el aire se respiraba la despedida, porque él nunca más la retrataría. Nadie prestaba atención a sus sollozos, estaba sola apoyada en la pared, buscando un equilibrio que no encontraba en sí misma, ella tampoco se percataba de los que cruzabamos su campo visual, y es que ella ya no era ella , ya no quedaba rastro de Jean Hebuterne, ni siquiera rastro de su cuerpo, pero yo la vi llorar, yo vi como caían los sueños uno a uno, zas , zas , zas hasta contar tres , y vi como una vez en suelo se bañaban en el mar de sus tres lágrimas, una , dos y tres. Lo que nadie verá son sus tres cicatrices clavadas a fuego en su pecho, y es que la soledad, el desamparo y las ganas de morir son demasiado personales como para ser pintadas y demasiado oscuras para verse a la luz del sol.

viernes, 1 de mayo de 2009


Me siento frente al ordenador y comienzo a escribir, porque no tengo nada que decir, porque nada relevante ha sucedido, por eso escribo, por el simple placer de tejer palabra tras palabra, por el mero hecho de enfrentar a la poética frente a la arquitectura. Y es que ¿a quién le importa lo que me suceda? A nadie compadre, a nadie me respondo a mi mismo y entonces ¿Por qué no saliste al encuentro de la noche en vez de amontonar vocablos inconexos? Porque la noche ya me conoce, y le debo muchas rondas en las barras de esos bares en los que huele a tabaco y a recién fregado y la gente entra y sale y sale y entra de una manera totalmente desacompasada, sin saber muy bien porqué hace ni una cosa ni la otra, simplemente porque en esos lugares no encuentra lo que andaba esperando durante toda la semana, el chico con el jersey de rayas que estaba el sábado pasado hoy no aparece y por tanto ya no tiene sentido seguir oyendo esa música y la chica de la diadema verde con la que hablaste hace un par de viernes parece que se retrasa ¿por qué no salimos fuera? y ese es el ciclo de la noche para algunos, para la mayoría. La noche es el juez que imparte justicia impepinablemente jornada tras jornada, en el caso concreto de cada acusado, como ya he anunciado yo no tengo nada que contar puesto que no me ha sucedido nada, por ese motivo en cuanto apague el Pc, me acostaré y mañana será otro día y otro juicio al que asistir, en cambio a otros, les espera una dura sentencia todavía.
Como podeis ver, sentarse a escribir sin premeditación y sin un esquema léxico-poético sobre el que sustentarse es todo un desastre para el lector, porque el lector busca algo, dentro de este saco de frases descolocadas y oraciones metidas a presión, busca por lo menos una idea que le sirva para algo o por lo menos una oración que le parezca graciosa o le resulte conmovedora, pero les adelanto y mi información es de primera mano, tanto que mi mano en este momento es el cerebro que guía la ruta de este texto, que aquí, en esta entrada, no van a encontrar nada de provecho, y es que es una chistera sin conejo, un bolsillo de Doraemon sin gorrocoptero, simplemente es un pasatiempos que un servidor se ha buscado, para plasmar su vanidad a modo de literatura y por eso escribo , con la certeza (carente de fundamentos) y la esperanza, aunque certeza y esperanza pueden llegar a ser contradictorias, de que habrá algún curioso que se dejará caer pro aquí para ver qué ha escrito un átomo insignificante como yo. Y por eso escribo, para hacer de mi vanidad un pasatiempos.