lunes, 30 de noviembre de 2009


Todas las frases que tengo colgadas en mi armario huelen a tabaco, como la ropa de los viernes, como mi nombre cuando lo pronuncias tú. Todas y cada una de ellas tienen un sabor amargo, como tus besos ahora que la sonrisa se cotiza mucho más alta, como una despedida con movimientos secos de cabeza. Las tengo colocadas por orden cronólogico, suiguiendo una progrsión geométrica dónde la razón es esa falta de cariño, ese hablar por hablar, ese mirar los asientos de los trenes, palmo a palmo, dedo a dedo, sueño a sueño. Y es que todo se pone en mi contra, hasta yo mismo, cierro los puños y voy rompiendo cada una de las fotos, cada uno de los discos que me regalaste, y piso sin orden ni concierto todas esas canciones que encerraban nuestros abrazos entre las lineas de los pentagramas. De repente, me paro, me sosiega el chorro de aire que penetra por la ventana entrabierta, me calma el silencio de la noche, en silencio todo es más armónico, todo parece adquirir un orden y pienso, sin saber que estoy pensando, pienso, no me doy cuenta de que todo ha acabado hasta que percibo el olor a tabaco, entonces percibo un atisbo de raciocinio, la locura ha pasado, tú ya no eres la misma que en el pasado, yo soy pasado.

viernes, 27 de noviembre de 2009


Ya no enredo espinas entre las madreselvas de tu mirada para no causar daños colaterales en un kilómetro a la redonda, ni sueño con tus piernas entre mis sábanas para no sentirme sólo en una cama ni a lo largo ni a lo ancho, únicamente, intento no ser carcelero de mí mismo.

Al mismo tiempo, las ratas corren sin ruborizarse lo más mínimo entre toda esa avalancha de gente que no se percata de esas desagradables y roedoras presencias porque su ego no les permite caminar con la cabeza ligeramente inclinada o simplemente llevan la procesión por dentro, poco importa si la causa es una, otra o ambas, el caso es que todos, sin excepción alguna, somos en cierto momento narcisistas y ególatras y nos cuesta ver más allá de nuestras pestañas.

No es mi interés aquí, hacer crítica barata de una sociedad mezquina e impulsada hacia una pusilanimidad insostenible de la que yo ya no soy bucanero, sino Capitán, sin pata de palo, pero con un parche en cada ojo, para suplir mi requisito no concedido. Unos dirán que estoy ciego, otros direis que para lo que hay que ver... y yo digo que ni una ni la otra. Veo la oscuridad y ya es mucho, demasiado, y veo un par de corazones cansados de encuadrarse en la misma foto, hace tiempo dejé de escuchar la complicidad de las miradas y sin embargo escucho fervientemente un rugido de tripas y arañazos en la pared, así como las lentas pisadas sobre cristales rotos, en un camino vidrioso y finito donde toda la opacidad se refleja lenta pero afiladamente.

Algunos no entenderán este texto, los menos lo leerán hasta el final, a los priemeros avisarles que yo tampoco lo entiendo y no pienso molestarme en ello, a los segundos, mis agradecimientos más sinceros,pero recalcar que en las primeras lineas se encuentra la vacuidad que quería contar y es que por no soñar esta noche contigo tengo que escribir antes de acostarme, unas cuantas lineas para dejar de pensar en tí.
Imagen: Fotograma de Hiroshima, mon amour
Dirigida por: Alain Resnais

domingo, 8 de noviembre de 2009


Qué difícil es distinguir el horizonte ante la inmensa cercanía de una imagen, pero por mucho que estiramos los brazos, siempre se quedan cortos para estar un poco más cerca de aquello que ansíamos atrapar porque cerramos la mano y cuando abrimos el puño para observar lo conseguido, el aire nos golpea en el rostro sin saber a ciencia cierta , si verdaderamente, hemos sido capaces de asir el viento.
Esta historia se repite una y mil veces en nuestro tránsito vital, no sabemos nunca qué aprendemos ni que aprehendemos, ni somos conscientes de todas esas gaviotas que se escapan de nuestros dedos tras bordear el mar, no sabemos ver más allá de nuestras pestañas, ni sentir más acá de un abrazo.
¿ Y qué importa todo esto cuando me separa todo un mar de mi hogar? Cuando miro al mar la metafísica queda reducida a un pequeño grano de arena sobre el que se asientan mis pies, la brisa alborota mis sentidos y atora la razón, sólo sé distinguir el contínuo fluir de las olas y esa voz tan conocida que me habla con tal cercanía que mis brazos sí que consiguen abrazarla.
Desde Liverpool, Titán pa´tus cojones de nuevo.
Gracias Laura por la foto y por todas las heridas tapadas a golpe de sonrisas